POR UNA POLÍTICA AGRARIA COMÚN 2013 en el marco de la soberanía alimentaria

1. Responder a los retos europeos y mundiales

El año 2009 nos ha mostrado la amplitud de las dificultades a las cuales se enfrentan l@s agricultores/as europe@s. El sector lechero no es el único en crisis, y los ingresos agrícolas han caído en casi todas partes. La PAC actual, así como la OMC que la enmarca, han demostrado ser incapaces de resolver los problemas, agravándolos en su lugar: las explotaciones agrícolas desaparecen rápidamente, el paro aumenta más y más, el hambre alcanza ya a mil millones de personas, el planeta se calienta, la biodiversidad desaparece, los efectos negativos para la salud de los modos de producción y consumo dominantes aumentan con rapidez…

A pesar de todo ello, la UE no parece dispuesta a cambiar la política neoliberal que ha globalizado nuestra agricultura y nuestra alimentación. Tanto productores como consumidores son los grandes perdedores, mientras aumentan los beneficios de la agro-industria y las grandes distribuidoras. Si la UE no actúa, la agricultura europea correrá un serio peligro, lo que supondría una catástrofe social y medioambiental: ¿ sin campesin@s, quien va alimentar la población?. El fracaso de Copenhague demuestra que los gobiernos son miopes. Como agricultores/as europe@s que somos, necesitamos implicar al mayor número posible de aliados dentro de la sociedad para defender una nueva politica agraria y alimentaria . El 2010 debe ser el año de un amplio debate público dentro de la UE para que sean re-definidas las prioridades de la política agrícola y alimentaria más allá del 2013, antes de que se decidan los presupuestos de la UE para ese periodo.

Garantizar el acceso al alimento para tod@s es un reto a nivel mundial en la actualidad y lo será durante las próximas décadas. La agricultura campesina es reconocida hoy en día como la que mejor puede responder a este reto. Sin embargo, las políticas agrícolas y la OMC la desatienden, en beneficio de las grandes explotaciones globalizadas. El reto no es tecnológico, sino que se trata de una cuestión de acceso a la producción agrícola y de acceso al alimento.

  • Responder al reto del empleo : más agricultores/as y mas empleo en el medio rural trabajadores/as del campo europeo para alimentar a Europa. Con el paro en aumento por toda Europa, la UE no puede permitirse seguir destruyendo sus explotaciones y sus empleos rurales. Para mantener a l@s campesin@s y ayudar a otr@s a establecerse, ha de otorgarse a la producción agrícola el reconocimiento económico y social que ha perdido con la PAC actual.
  • Disminuir el calentamiento global y conservar al biodiversidad. Debe cortarse la industrialización de la producción agrícola y ganadera. Las prácticas agrícolas y las formas de producción que son favorables al clima y la biodiversidad son bien conocidas : ponerlas en práctica supone romper con el modelo actual.

2. ¿ Cómo responde la soberanía alimentaria a estos retos ?

La soberanía alimentaria otorga a los pueblos y a la UE el derecho a definir su política agrícola y alimentaria a partir de las necesidades de la población y su medio ambiente, y no a partir de las reglas del comercio internacional inscritas en la ideología del libre comercio. Por ejemplo, le corresponde a la UE prohibir el cultivo y la importación de OGMs si sus ciudadan@s no los quieren, sin que la OMC lo pueda impedir. Es la UE quien debe decidir pasar del actual déficit del 75% en las proteínas vegetales – para alimentar a su ganado – a la autonomía. Este es un paso totalmente realizable con nuestras superficies agrícolas, e indispensable dado lo que está en juego medioambientalmente. Para ello, es necesario reevaluar el acuerdo de la OMC de 1994.

La soberanía alimentaria establece para la agricultura la prioridad de producir para alimentar a la población, en lugar de producir para el comercio internacional. La UE, que se ha convertido en el mayor importador y a la vez el principal exportador de productos alimentarios, debe por tanto revisar a fondo sus prioridades.

Exportar leche en polvo a la vez que se importa soja para alimentar a las vacas, producir nuestras frutas y verduras -incluso las ecológicas- en países del Sur porque la mano de obra allí es más barata… todo ello nos arrastra al callejón sin salida social y medioambiental en el que nos encontramos ahora. La soberanía alimentaria, por el contrario, vuelve a situar la producción agrícola cerca de los consumidores.

La soberanía alimentaria, al situar a las campesinas y campesinos en un rol central en la alimentación de la gente de su región, les otorga un sentido y una legitimidad social que la PAC actual a menudo les ha negado. La soberanía alimentaria de hecho se opone a la concentración actual del « poder alimentario » en manos de la industria y las grandes distribuidoras. Le corresponde al poder político, por ejemplo a la UE, regular la producción, los mercados y la distribución teniendo en cuenta a todos los actores de la cadena alimentaria.

También es responsabilidad de los productores y de los consumidores acortar esta cadena, poniendo en práctica fórmulas de comercialización más directa, como ya se dan cada vez más, que deberían ser fomentadas por la política agrícola y alimentaria (PAAC). Han de adaptarse las normas sanitarias, hoy industriales, de los productos elaborados en las explotaciones agrarias.

No hay que confundirse: la soberanía alimentaria no es autarquía, ni un cierre de la fronteras. Tampoco se opone a los intercambios internacionales: cada región del mundo tiene productos específicos con los que puede comerciar; pero la seguridad alimentaria es demasiado importante como para permitir que dependa de las importaciones. En cada región del mundo, la alimentación básica debe ser producida localmente, siempre que sea posible. Cada región debe por tanto tener el derecho de protegerse de las importaciones a bajo precio que arruinen su propia producción.

La soberanía alimentaria no sólo implica un derecho, sino también un deber: el de no perjudicar a las economías agrícolas y alimentarias de otras regiones del mundo. Todo dumping, es decir, toda ayuda que permita exportar a un precio inferior al coste de producción , debe prohibirse. Esto debería aplicarse tanto a las ayudas a la exportación como a los pagos únicos, cuando éstos signifiquen vender o exportar a un precio inferior al coste de producción.

La soberanía alimentaria no sólo se ocupa de alimentar a la población actual, sino también a las generaciones futuras, y por tanto a la conservación de los recursos naturales y el medio ambiente. Es por ello que debe desarrollar modos de producción agrícola que disminuyen las emisiones de gases de efecto invernadero y favorecen la biodiversidad y la salud. Disminuyendo la necesidad de transporte y cambiando los modos de producción demasiado intensivos, se abordan directamente los retos climáticos y medioambientales.

En torno a la soberanía alimentaria pueden coincidir en Europa quienes trabajan en el cambio de la política agrícola y alimentaria, y quienes trabajan en una re-localización del sistema alimentario. Esta dinámica podrá influenciar la orientación de la futura política agrícola.

3. Una nueva PAAC que abra caminos a los actuales callejones sin salida

Nuestros objetivos:

* mantener y desarrollar una agricultura campesina social y sostenible que alimenta la población, preserva el medio ambiente, la salud y mantenga paisajes rurales vivos. Para eso l@s campesin@s deben poder vivir principalmente de la venta de sus productos, gracias a unos precios agrícolas estables y remuneradores. Es una condición indispensable para su reconocimiento económico, y para así atraer a l@s jóvenes a esta profesión.

* Reservar el apoyo público a los métodos de producción y a las explotaciones que son beneficiosas para el empleo y el medio ambiente.

* Relocalisar lo más posible la alimentación y cortar el dominio de la gran distribución y la industria sobre la cadena alimentaria

Nuestras prioridades:

1. renta, precios agrícolas: precios agrícolas remuneradores y estables implican:

* el control de la producción y la regulación de los mercados agrícolas, la transparencia a lo largo de toda la cadena alimentaria, y la limitación de los márgenes de beneficios de la transformación y de la distribución. Se establecen precios agrícolas mínimos para hacer frente a los excedentes de producción que puedan derivarse de la variaciones climáticas.

* el derecho a protegerse de las importaciones a precios bajos, incluidos los piensos animales, así como acabar con el dumping para la exportación, con todas sus formas actuales. El nivel variable de protección arancelaria debe estar ligado al costo de producción europeo.

* pagos directos, con máximos por activo agrícola, son otorgados por una parte a las pequeñas explotaciones que justifican un papel social y medio ambiental , y por otra parte a las explotaciones sostenibles de las regiones desfavorecidas agro-climáticamente, que tienen gastos de producción más elevados que las referencias elegidas en el punto precedente.

* los asalariados agrícolas, europeos o migrantes, se benefician de los mismos derechos. Los Estados se ven obligados a fijar un salario mínimo.

2. medio ambiente: Todas las explotaciones deben respetar normas de producción que economicen energía, insumos químicos, agua, emisiones de carbono y que favorezcan la biodiversidad y la salud. Deben otorgarse primas a las explotaciones que vayan más allá de las normas a nivel medioambiental y social (p.ej. la pequeña agroecológia). Por ejemplo, las prácticas agronómicas que aumentan la tasa de materia orgánica en el suelo, que retienen carbono y permiten la fertilidad a largo plazo deben promoverse y apoyarse. La investigación y la formación se orientan en este sentido.

3. Medidas a nivel europeo y nacional facilitan el acceso a la tierra y el establecimiento, permitiendo a un mayor número de jóvenes hacerse campesin@s. La concentración y la urbanización de las tierras agrícolas se cortan.

4. Debe establecerse una política de desarrollo rural que complemente las medidas anteriores. Tal política debe dar prioridad al empleo rural, al reequilibrio geográfico de las producciones, al comercio local y a los servicios de proximidad.

5. Las reglas actuales del comercio agrícola internacional(acuerdo de la OMC de 1994) deben cuestionarse. La Ronda de Doha de la OMC y los acuerdos de “libre” comercio de la UE con paises terceros debe abandonarse. Se impone la necesidad de una nueva gobernanza alimentaria mundial, con nuevas reglas de comercio internacional, basadas en la soberanía alimentaria y el derecho al alimento.

6. La producción o importación de OGMs en agricultura y alimentación son prohibidos. La utilización, el intercambio y la reproducción de semillas campesinas deben son fomentadas.

7. La UE deja de apoyar el uso y el cultivo de los agro-combustibles industriales. Su huella energética es demasiado deficiente, y su producción compite con las superficies agrícolas dedicadas a la alimentación. Sí que pude reforzarse la autonomía energética de las explotaciones utilizando aceite pura obtenido a través del prensado de plantas oleaginosas cultivadas en la misma granja o en la vecina.

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